Envision

pazyesperanza

Sin amigos y sin esperanza



Sin amigos en quien apoyarse

Hace algunos años, un sábado en la mañana, estando en la clase de escuela sabática, vi entrar  a la iglesia una joven.  Una joven delgada que caminaba lentamente. Invité a la joven a sentarse con nosotros en la clase de jóvenes, y luego de conocerla le ofrecimos nuestra amistad.
La joven llamada Elizabeth, había asistido por mucho tiempo a otra iglesia que se reunía en domingo. Pero a pesar de las alegrías generadas por la música, a pesar de los cultos emocionalistas  en los que aparentemente estaba la presencia de Dios, y en los que en muchas ocasiones se recurría a la manipulación;  ella seguía vacía, ella sentía que en dicho lugar no había encontrado a Dios ni la paz que tanto anhelaba.
Elizabeth era una joven solitaria, no tenía compañeros porque por su enfermedad había abandonado los estudios, no tenía amigos, los jóvenes  de esa iglesia le  habían dado la espalda y nadie le brindó la mano que ella tanto deseaba tener para apoyarse.
Elizabeth era una joven delicada, ella sufría del corazón. Ella tenía un corazón frágil   y urgía viajar a otra ciudad para hacerse una cirugía.   En esos momentos cuando más necesitaba ayuda, cuando más necesitaba palabras de aliento y esperanza, cuando más necesitaba que alguien le presentara al Dios de amor y esperanza, al Dios de salvación, prácticamente  todos le habían dado la espalda.
 
No se cuentas veces tuvo Elizabeth que llorar, ni cuantos fueron los momentos de soledad y desespero, momentos en los que se sentía vacía y sentía no importarle a nadie, momentos en los que dejó correr sus lagrimas  y no tuvo el pañuelo ni una mano amiga en la cual apoyarse ni los momentos en los que le tocó llorar a escondidas.
Ese sábado sin que nadie la invitara y sin conocer a alguien en la Iglesia Adventista a la cual acababa de entrar, y quizás pensando que le pasaría lo mismo que en la anterior iglesia a la que asistía ella entró. Pero desde ese día todo en su vida cambió.
Cuando la conocí y me contó parte de su  vida y de la triste historia de soledad  que había vivido por muchos años, no pude hacer más que  presentarle a Jesús como un verdadero amigo. Presentarle a Jesús como ese único  amigo que había estado con ella en sus  momentos más difíciles, presentarle a Jesús como ese amigo que la había apoyado y ayudado en momentos de tristeza y dolor y que nunca la había abandonado.
 
Nunca he olvidado la triste mañana cuando antes de partir a un retiro de jóvenes, alguien me dio la triste noticia sobre Elizabeth. Esa madrugada  había fallecido.
Hacía once días que Elizabeth había partido a otra ciudad a hacerse la cirugía en el corazón, Durante esos días la llamé, pero no pude hablar con ella porque ella todavía no estaba en condiciones de contestar, pero la mamá me dijo que estaba bien y que pronto regresaría.
 
Pero el corazón de Elizabeth no pudo resistir más tiempo y falleció. No sé qué pasó por su cabeza durante esos días, pero lo único cierto es que ya ella no se sentía sola y sin amigos,  ya ella no se sentía vacía y sin Dios,  ya no sentía que  sus lagrimas corrían al vacío y sin alguien para secarlas  ahora sentía que Jesús estaba con ella y que él la había ayudado en todos esos momentos difíciles y que él secaba cada lagrima de sus ojos.
 
Nunca olvido a los pocos días cuando regresé y me enteré de algunas notas que ella había dejado. En la carta le agradecía a Dios por darle la oportunidad de conocer esta iglesia, porque en ella había conocido a Jesús, le agradecía a un profesor, al pastor y a este servidor por ser para ella una estaca en la cual apoyarse.
 
Esta amiga había fallecido. Se fue en lo mejor de su juventud, pero ella no había fallecido sola y desesperada, ya no era la misma que conocí cuando conversé con ella por primera vez. Ella   había encontrado y conocido a Jesús y había hecho de él su mejor amigo. En Jesús había encontrado consuelo y esperanza y había hallado la paz que tanto deseaba su corazón.

Ella había muerto en paz y tranquilidad y le había pedido a sus padres que también entregaran su vida a Jesús porque deseaba verles en el reino de los cielos. Ella  en esos últimos momentos de su vida había conocido y tenido un encuentro con Jesús y murió teniendo la esperanza de resucitar cuando él vuelva por segunda vez
Querido amigo y hermano quizás también   te hallas sentido solo en la vida, quizás has pensado que a nadie le importas y que no tienes amigos ni tienes en quien confiar, quizás has sentido que en tus momentos más difíciles  Dios te ha abandonado y te ha dejado luchando solo y quizás te sientas en una situación  como la de Elizabeth, en los últimos días de tu vida.  Pero así como Jesús brindó su amor, esperanza   y ayuda a esta amiga en este momento Dios también quiere extenderte su mano y brindarte su amor, amistad y apoyo.
Deja que Dios entre a tu corazón y obre un milagro en tu ser y él transforme tus angustias y dolor en paz y esperanza.



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