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la disciplina en el hogar



La discilplina en el  hogar

No es fácil educar y preparar a los hijos sabiamente. Se levantarán dificultades cuando los padres traten de mantener el juicio y el temor de Dios delante de ellos, los hijos revelarán la perversidad albergada en su corazón. Muestran amor por la necedad, la independencia y odio por la restricción y la disciplina. Practican el engaño y expresan falsedades. Demasiados padres, en vez de castigar a sus hijos por esas faltas, los ciegan a fin de que no vean debajo de la superficie ni disciernan el verdadero significado de estas cosas. Por lo tanto, los hijos continúan en sus prácticas engañosas formando caracteres que Dios no puede aprobar.

La norma fijada por la Palabra de Dios es puesta a un lado por los padres a los que no les gusta la camisa de fuerza, como algunos la llaman, para emplearla en la educación de sus hijos. Muchos padres tienen un disgusto arraigado en contra de los santos principios de la Palabra de Dios, porque esos principios colocan demasiada responsabilidad sobre ellos. Pero la cuenta inevitable, que todos los padres están obligados a pagar, muestra que los caminos de Dios son los mejores y que el único sendero de seguridad y felicidad se halla en la obediencia a su voluntad (Id., 30-3-1897).

Dentro del actual estado de cosas de la sociedad, no es una tarea fácil que los padres restrinjan a sus hijos y los instruyan de acuerdo con los principios bíblicos. Cuando educan a sus hijos en armonía con los preceptos de la Palabra de Dios y, como el Abrahán de la antigüedad, guían a su casa tras sí, los hijos piensan que sus padres son exagerados e innecesariamente exigentes (Signs of the Times, 17-4-1884).



Padres. si queréis la bendición de Dios, proceded como procedió Abrahán. Reprimid el mal y fomentad el bien. Será necesario dar algunas órdenes en lugar de consultar las inclinaciones y gustos de los hijos (Carta 53, 1887).

Dejar a un niño que siga sus impulsos naturales, es permitirle que su carácter se deteriore y se haga eficiente en el mal. Los padres sabios no dirán a sus hijos: "Sigue tu propia elección; ve adonde quieras, y haz lo que quieras"; sino: "Escucha la instrucción del Señor". A fin de que no se eche a perder la belleza de la vida del hogar, deben hacerse y aplicarse reglas sabias en él (Consejos para los Maestros, págs. 86, 87).

¿Habéis pensado por qué fueron sometidos al castigo de Dios todos los que estaban relacionados con Acán? Fue porque no habían sido preparados y educados de acuerdo con las direcciones dadas en la gran norma de la ley de Dios. Los padres de Acán lo habían educado en tal forma, que se sentía libre para desobedecer la Palabra del Señor. Los principios inculcados en su vida lo indujeron a tratar a sus hijos en tal forma que ellos también se corrompieron. La mente actúa sobre otra mente y recibe su influencia, y el castigo que incluyó a los familiares de Acán revela el hecho de que todos estaban implicados en la transgresión (Manuscrito 67, 1894).

El pecado del descuido paternal es casi universal. Con demasiada frecuencia existe un ciego afecto hacia los que están relacionados con nosotros por vínculos naturales. Ese afecto se lleva al extremo; no está equilibrado por la sabiduría ni por el temor de Dios. El ciego afecto paternal es el mayor obstáculo en el sendero de la debida educación de los hijos. Impide la disciplina y la educación que requiere el Señor. Debido a ese afecto, a veces los padres parecen estar desprovistos de razón. Es como las tiernas misericordias de los impíos, cruelmente disfrazadas con el atavío de un falso amor. Esta peligrosa contracorriente es la que lleva a los hijos a la ruina (Review and Herald 6-4-1897).

Los padres están en constante peligro de fomentar los afectos naturales a expensas de la obediencia a la ley de Dios. Para agradar a sus hijos, muchos padres permiten lo que Dios prohibe (Id., 29-1-1901).

Si el padre y la madre, como maestros del hogar, permiten que sus hijos dominen la situación y se descarríen, son responsables por lo que esos hijos podrían haber sido de otra manera (Id., 15-9-1904).


El mayor sufrimiento ha sobrevenido a la familia humana porque los padres se han apartado del plan divino para seguir su propio criterio y sus ideas imperfectas. Muchos padres obedecen a sus impulsos. Se olvidan que el bien presente y futuro de sus hijos requiere disciplina inteligente (Manuscrito 49, 1901).

Con demasiada frecuencia, se crea un estado de rebelión en el corazón de los hijos debido a la disciplina errónea de los padres, cuando los hijos habrían formado buenos y armoniosos caracteres si se hubiera seguido un curso de acción adecuado (Testimonies, tomo 3, págs. 532, 533).

Mientras los padres tengan la facultad de disciplinar, educar y preparar a sus hijos, ejerzan esa facultad para Dios. El les requiere una obediencia pura, impecable y recta. No tolerará ninguna otra cosa. No excusará la mala dirección de los hijos (Review and Herald, 13-4-1897).

Algunos niños son naturalmente más obstinados que otros y no aceptan la disciplina, en consecuencia se vuelven muy antipáticos y desagradables. Si la madre no tiene suficiente visión para tratar con este aspecto del carácter, se formará un estado de cosas muy desgraciado, pues tales niños seguirán sus caprichos para su propia destrucción. Pero cuán terrible es que un hijo fomente un espíritu de obstinación no sólo en la niñez, sino en años de mayor madurez, y debido a una falta de comprensión en la niñez, alimente amargura y maldad en la edad adulta hacia la madre que no supo dirigir a sus hijos (Manuscrito 18, 1891).


Cuando yerran los niños, los padres debieran darse tiempo para leerles tiernamente de la Palabra de Dios aquellas admoniciones que sean especialmente aplicables a su caso. Cuando son probados, tentados o desanimados, citadles las preciosas palabras de consuelo y guiadlos suavemente a depositar su confianza en Jesús. Así se podrá dirigir la mente juvenil a lo que es puro y ennoblecedor. Y a medida que los grandes problemas de la vida, y el trato de Dios con la raza humana, se despliegan ante el entendimiento, se ejercitan las facultades del razonamiento y también el juicio, al paso que se imprimen en el corazón las lecciones de la verdad divina. Así los padres pueden modelar diariamente el carácter de sus hijos, a fin de que puedan ser aptos para la vida futura (Review and Herald, 13-6-1882).





Tomado  del  libro  Conducción del  niño, cap. la disciplina  en el hogar, de  Ellen White










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